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jueves, 28 de noviembre de 2013

Fernán Pérez de Andrade, un caballero del último tercio del siglo XIV


Fernán Pérez de Andrade, o la oportunidad no desaprovechada.
Me imagino a Fernán Pérez de Andrade, como un representante genuino de aquella nobleza señorial en unos tiempos turbulentos.


Tenía el linaje, su padre era Don Ruy Freyre (caballero de la Orden de la Banda), pero él mismo supo aprovechar su momento.

                Los tres hermanos: Nuño Freyre de Andrade, Fernán Pérez de Andrade y Johan Freyre de Andrade.
                                         Grabado de Alfredo Erias en el Museo de las Mariñas (Betanzos)

Entre los años 1352-1369 tomó parte activa en la guerra entre Pedro I y Enrique de Trastámara, alternando su apoyo hasta que finalmente se decantó por Don Enrique.

Quiso tener un sepulcro a la altura de su importancia, e hizo de la Iglesia de San Francisco en Betanzos, su panteón particular; las escenas de caza que rodean  el sepulcro nos recuerda el pasatiempo favorito de aquellos nobles.

 

Aunque Fernán Pérez de Andrade falleció en el año 1397, parece ser que su monumento funerario fue realizado en vida de él, hacia el año 1387; y lo representa  completamente armado.

Se trata de una interesantísima escultura, pues nos muestra a un caballero con la vestimenta propia del último tercio del siglo XIV (años 1370 a 1390 aproximadamente). Época sobre la que hay poca documentación, pero a la vez muy importante ya que supone la transición hacia el tipo de armadura completa.

Descripción del caballero.

Fernán Pérez de Andrade aparece armado con un arnés de guerra propio del último tercio del siglo XIV.

Se trata de una época rica en vestuario, en prendas de protección que cada vez van incorporando en mayor medida las protecciones de láminas de metal para cualquier parte del cuerpo.
Momentos de cambios, de nuevas modas y de innovaciones técnicas.
No resulta fácil seguir la pista a estos caballeros en épocas de transición, acertar con las palabras más acertadas para definir los ropajes o ni tan siquiera saber exactamente cómo estaban hechos; pero con la ayuda de los que me han precedido lo intentaré.

Jaqueta
Lo primero que nos llama la atención es la “jaqueta” acolchada de manga larga  que viste el caballero, que imaginamos podría estar confeccionada por cualquier tipo de tejido o material.



La jaqueta es una prenda acolchada (rellena habitualmente de algodón) de uso militar que comienza a usarse en Europa alrededor del año 1370, y que se usaba para vestirla sobre otras piezas de protección, posteriormente su uso  se generalizó también como prenda civil.

                                                    Fernán Pérez de Andrade
                                                      por Alfredo Erias, Museo de las Mariñas (Betanzos)

En este caso se trata de una “jaqueta” bastante larga, por debajo del medio muslo, mientras que las mangas mantienen bastante holgura a nivel de los brazos y codos.
Aunque las jaquetas fueron evolucionando hasta convertirse en una pieza de ropa bastante entallada, se caracterizó por mantener la holgura a nivel de las mangas, sobre todo en brazos y codos.
Era característico en esta prenda el vistoso abotonado en la parte anterior de la prenda. También solían disponer de una llamativa fila de botones en las mangas, aunque no sea este el caso.
Entre las imágenes de la época creo que en el vestuario que encontramos en los caballeros de una de las primeras ediciones iluminadas de la Crónica de Jean Froisart podemos encontrar tipos que se asimilan, o al menos nos recuerdan, a esta prenda de Don Fernán Pérez de Andrade.

     Crónicas de Jean Froissart, ilustración posiblemente de  finales siglo XIV (batalla de Crécy)
     Imagen de Wikimedia Commons
                           http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6b/Cr%C3%A9cy_jean_froissard.jpg

No sabemos si debajo de esta jaqueta llevaría algún tipo de protección formada por láminas de metal como podrían ser: una “cota de placas” (también denominadas ”fojas”, “coracina” o “cuirasses” ) o incluso un “jaque” protector; es imposible saberlo, aunque en esta época las protecciones metálicas eran muy frecuentes.
Por otro lado no hay que olvidar que se trata de una prenda que puede alcanzar un alto nivel decorativo, según vaya a ser su uso. En este caso concreto es una pena que se hayan perdido los colores originales que recubrirían la imagen.
Lóriga de malla
Bajo esta prenda podemos ver una lóriga de cota de malla de manga larga, que sobresale por debajo de la jaqueta  llegando también algo por encima de las rodillas, que a su vez debía de ir sobre un gambax o gambesón algo acolchado.
Bacinete
El bacinete cónico apuntado es totalmente característico de esta época, presenta las dos bisagras o charnelas sobre las que habría de engarzarse el visor o vista propio de este tipo de casco.


Del bacinete pende un amplio camal de cota de malla o aventail que protege parte de la cabeza, el cuello y los hombros, este camal de malla va a su vez forrado por un tejido acolchado similar al de la jaqueta y cruzado por una banda de tejido, mientras que en su parte inferior aparece escrito el nombre del caballero.
 
Piezas de protección para piernas y brazos
Las piernas llevan piezas de metal completas, quijotes, rodilleras, grebas, escarpes y espuelas, siendo las navajas suaves y redondeadas en sus extremos.
Las manos las protege con guanteletes, y en el tercer dedo de la mano derecha lleva incluido una especie de punzón afilado.
Bajo la jaqueta se puede apreciar la cota de malla que llega hasta las muñecas
Con la mano izquierda sostiene su espada y sobre su lado derecho pende un puñal, unido a un cordón anudado que le cruza por el pecho.

- Espero que os haya gustado este caballero, auténtico eslabón perdido de la evolución de las armaduras en la Península Ibérica. 
 
Fuentes:
-       BRUNH HOFFMEYER, Ada, Arms and armour in Spain II . A short survey. From the End of the 12 th century to the Beginnings of the 15 th century, Gladius, Instituo de Estudios sobre armas antiguas. CSIC, 1982.
-       ERIAS MARTINEZ, Alfredo, Debuxos de Galicia V. Cabaleiros , BRIGA Edicions, Betanzos (A Coruña)
-       De LEGUINA, Enrique, Glosario de voces de armería, Madrid, 1912.
-       SANZ de BREMOND, MC, La jaqueta, xaqueta, xaquetilla
-       SANCHEZ AMEIJEIRAS, Rocio, “El arnés y el armamento del caballero medieval gallego. 1350-1450” Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, n 10 (1989), pp. 427-436
-      SOLER DEL CAMPO, Alvaro, La evolución del armamento medieval en el Reino Castellano-Leonés y Al-Andalus (Siglos XII-XIV), Colección Adalid, Madrid, 1993.

Imágenes:
Durante la visita a esta Iglesia de San Francisco,  pude ver unos estupendos dibujos que representaban a alguno de estos caballeros; indagando descubrí que su autor era Alfredo Erias, historiador, y Director del Museo de las Mariñas en Betanzos.  Como podéis suponer, no tardé en visitar este fantástico Museo, donde tuve oportunidad de fotografiar los grabados que aparecen en esta entrada.
 

domingo, 24 de noviembre de 2013

La espada con patillas (siglos XV y XVI) : su origen y sus partes


La espada con patillas en el siglo XV y XVI

Su origen y sus partes.

La espada “con patillas” es un tipo específico de espada que surgió a consecuencia del aumento de protección de los caballeros y hombres de armas con armaduras completas de piezas de metal.

Por este motivo se comenzaron a usar espadas más livianas de peso y con las que se pudiera intentar la estocada en los puntos vulnerables de la protección del caballero.

Adelantar un dedo por delante de la cruz de la espada permite por una parte dirigir con mayor precisión la estocada y por otro lado esta posición anatómica, con un dedo adelantado, aumenta la flexión lateral de la muñeca minimizando las molestias de esta postura forzada.

Para proteger el dedo índice adelantado por delante de la cruz o arriaz, se realizó una prolongación semicircular desde el arriaz hasta el filo de la espada, con un pequeño margen para poder envainarla en su funda. A esta prolongación es a lo que se denomina “patilla”

Inicialmente fueron espadas con una sola patilla, para posteriormente hacerse de dos patillas.

Este tipo de espadas tuvo una gran aceptación y difusión en la Península Ibérica, e incluso se ha llegado a pensar en que tengan aquí su origen.  

Esta imagen de la Biblioteca Digital Hispánica , corresponde a la denominada, en el siglo XIX, espada de Isabel la Católica, presente en la Real Armería de Madrid.
Actualmente se considera que podría haber pertenecido a Fernando el Católico, y tiene algunos detalles como la presencia de pitones, o los gavilanes planos con muescas que podrían datarla al principio del siglo XVI.
En cualquier caso se trata de una imagen ilustrativa para esta introducción sobre las espadas con patillas,  aunque volveremos a hablar de esta espada en concreto en otra entrada.
 

Partes de la espada con patillas del siglo XV y XVI :

Empuñadura
La empuñadura estaba formada por:
-      Pomo o manzana (este nombre se le daba por su forma): sirve para fijar la empuñadura a la hoja y también como contrapeso.

-      Puño: solían estar hechos de madera, a su alrededor se enrollaba un hilo o torzal de metal (a veces de plata o incluso de oro), que luego podía estar recubierto de algún tipo de tela, terciopelo o seda. El uso de las patillas hizo que los puños se acortaran en ese tipo de espadas, al no necesitar tanto espacio para la mano.

Guarnición
La guarnición la forman todos aquellos elementos que protegen la mano de la espada contraria.
-      Cruz o arriaz: perpendicular a la hoja, con mayor o menor curvatura, protege el dorso de la mano.

-      Gavilanes: cada uno de los brazos que forman la cruz o arriaz

-      Escudete: parte central de la cruz o arriaz.

-      Patillas: elementos metálicos con forma semicircular, a modo de anillo, que partiendo del arriaz se dirigen hacia el recazo de la hoja de la espada, no suele llegar hasta él para permitir que la espada sea envainada. Las patillas sirven para proteger el dedo índice que se colocaba, en ocasiones, adelantado por encima del arriaz. Las patillas podían terminar de manera más o menos puntiaguda o terminar en una esfera.

-      Pitones: suponen un siguiente paso en el desarrollo de las patillas, son dos porciones metálicas que salen perpendicularmente desde el final del arriaz, que a su vez pueden terminar en esfera. Su misión era proteger el dorso de la mano por si una hoja contraria resbalaba sobre la espada.

Hoja de la espada
-      Espiga: parte de la espada, fuerte y estrecha, que se une al pomo y a la hoja de la espada. Sobre la espiga se montaba la cruz en su parte baja, mientras que se sujetaba por el pomo en su parte superior y su parte central servía de base para el puño.  

-      Recazo o bigotera: zona más ancha del inicio de la hoja del espada, habitualmente rectangular y aplanado, en determinados tipos de espadas no disponía de filo a este nivel para permitir el apoyo o sujeción con el dedo índice sin cortarse. En él solía aparecer la marca del espadero.

-      Hoja de la espada, propiamente dicha, también llamada lama.

-      Filos: cada una de las partes cortantes de la hoja.

-      Canal o vaceo: solía ser de disposición axial o central y consiste en una zona aligerada o deprimida en el centro de la hoja, para disminuir el peso de la misma.

-      Mesas: planos de la hoja.

-      Punta: punta de la hoja.

Espero que haya resultado de vuestro interés este pequeño resumen, que nos servirá de base para estudiar las espadas y especialmente aquellas de los siglos XV y XVI

Fuentes:

DE LEGUINA, Enrique, Glosario de voces de armería, Madrid, 1912

CONDE VIUDO DE VALENCIA DE DON JUAN, Catálogo Histórico-descriptivo de la Ral Armería de Madrid, Madrid, 1998.

DUEÑAS BERAIZ, Germán, “Introducción al estudio tipológico de las espadas españolas: siglo XVI-XVII”, Gladius, XXIV, 2004, pp 209-260.


 

 

 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Caballeros de la Iglesia de San Francisco en Betanzos


La Iglesia de San Francisco, en Betanzos de
 los Caballeros o "la cápsula del tiempo".
 
 
    (1)  Iglesia de San Francisco, en Betanzos de los Caballeros
  
Hace dos años, andaba pensando que faltaba mucha información sobre los caballeros de la segunda mitad del siglo XIV y la primera mitad del XV.

Aquella mañana me dirigía hacia Betanzos de los Caballeros. Había estado hojeando una pequeña guía el día anterior, que comentaba la importancia de la Iglesia de San Francisco, incluso recuerdo que tenía un plano y hablaba de numerosos enterramientos de caballeros de la nobleza local.

Tenía que ir, o mejor dicho, tenía que volver, pues hacía muchos años que la había visitado, pero de aquella primera visita sólo recordaba el imponente monumento funerario de Fernán Pérez de Andrade, realmente impactante; pero nada más me había llamado la atención.
 
                                                   Sepulcro de Fernán Pérez de Andrade.

Finalmente llegué a Betanzos, callejeé  hasta encontrar la Iglesia, estaba abierta y se podía visitar, pero estaba todo en penumbra, sólo podía iluminarse el magnífico sepulcro de Fernán Pérez de Andrade, que fotografié  con dificultad debido a su altura.

Después me dispuse a pasear por la Iglesia, y de pronto en las capillas laterales fueron apareciendo uno tras otro los caballeros…

No daba crédito, estaban allí con sus bacinetes puntiagudos y sus camales de malla cayendo sobre los hombros; otros con unos primitivos cascos completos, parecían buzos del espacio, y así sucesivamente, y pensé: es lo que estaba buscando, el eslabón perdido que no lograba hallar por lado alguno, estaban allí.
                          Sepulcro de Juan Freyre de Andrade

Así que saqué mi pequeña máquina compacta y me puse a fotografiar.

Pensé, y aún lo pienso hoy, que esta Iglesia de San Francisco, de Betanzos, es como una cápsula del tiempo que te traslada hasta otra época, un espacio donde se han conservado intactos todos estos caballeros que iremos viendo.
Así que prepárense, pronto comenzaremos este particular viaje al pasado.



 Fotografías ajenas:

(1) Esta fotografía está obtenida del siguiente enlace y se encuentra sujeta a las licencias indicadas:  
                                      http://commons.wikimedia.org/wiki/User:Leoplus


jueves, 21 de noviembre de 2013

La adarga, más que un escudo


Adarga rima con Granada
 Si tuviera que escoger un elemento distintivo de la panoplia defensiva u ofensiva de los guerreros medievales en la Península Ibérica durante la Edad Media, yo escogería la adarga .
 


De hecho vamos a encontrarnos  muy a menudo representaciones de este tipo de escudo.

Por este motivo quiero dedicarle un pequeño “monográfico” que iré perfilando en varias entradas.

Hoy tan sólo quería traer estas fotos tomadas de unos frisos del Palacio que el emperador Carlos V mandó construir en 1527 en el recinto de la Alhambra de Granada.  

En ellas aparecen adargas, que yo recordaba haber visto varias veces, en mis tiempos de estudiante en Granada.

De modo que cuando  hace dos años volví a visitar La Alhambra las busqué y allí estaban tal y como yo esperaba.

 
Estas adargas representadas junto a otras armas, están minuciosamente  talladas y nos permite observar cómo era este tipo de escudo.

De momento no contaré más, sólo deciros que nos esperan algunas  sorpresas a cuenta de la adarga.
 

 

martes, 19 de noviembre de 2013

Dadme un retablo gótico, por favor / Give me a gothic altarpiece, please


Armaduras italianas en una tabla gótica de 1457 en la Catedral de Tarragona.
 
Posiblemente entre todas las manifestaciones artísticas de la Edad Media son los retablos góticos una de las principales y de las que más información nos puede dar sobre el pasado de nuestros caballeros.

Estas obras de arte, concebidas como auténticos catecismos visuales, relatan la vida de Cristo y de los Santos a través de un detallado programa iconográfico, pintado habitualmente sobre tablas.

La pintura gótica se hizo detallista en extremo, y por otro lado recogía los tipos y el vestuario de la época contemporánea  al artista.

Por eso cuando visites una iglesia, un monasterio, o un museo y veas un retablo gótico, fíjate bien y descubrirás entre los grupos de personajes que acompañan las escenas a los protagonistas de la Edad Media.
 
Veamos un  ejemplo:
 

 
Calvario. Pintura sobre tabla del Retablo Mayor de la Iglesia de la Sang, (Alcover) Alt Camp, obra de Jaume Ferrer II, año 1457. Conservado en la Catedral de Tarragona.

A simple vista, la imagen de un Calvario, con todo su dramatismo, pero nos interesa fijarnos en los soldados “romanos” que acompañan la escena.

Los soldados “romanos” del primer término en realidad se visten con ropajes del siglo XV, con algunas licencias como las charreteras del infante del extremo inferior derecho del cuadro, mientras que uno de los soldados vestido de gris y con un casco cónico con turbante pretende representar un tipo orientalizante.
 


No obstante las figuras más interesantes son los “romanos” a caballo que aparecen en el segundo plano; en especial cuatro figuras armadas.

Y nos encontramos con una genuina representación de la caballería equipada con armaduras de tipo italianas en la Península Ibérica, en una fecha tan temprana como es el año 1457.
 

Un caballero (con armadura plateada) lleva unas hombreras decoradas con grutescos, que pretende indicar el tipo “romano” del sujeto, anticipándose casi 100 años a las armaduras clásicas “a la romana” que los armeros italianos realizaron durante el siglo XVI;  aunque en el caso de esta pintura se trate posiblemente sólo de una licencia o alegoría pictórica, al igual que otro caballero (con armadura dorada) cuyas hombreras son dos conchas o veneras.

Todo ello también nos habla de la influencia del renacimiento italiano en el gótico catalán.

Observamos cascos apuntados, algunos con protecciones redondeadas en la zona lateral, que recuerdan mucho a tipos italianos.

Los caballeros llevan protecciones completas para el pecho, brazos y manos, y podemos observar los distintos coloridos de la armadura o como podían combinar piezas de diferente color.
 

Entre todos ellos, yo me quedo con el caballero de la armadura dorada, con peto y sobrepeto unidos por una correa, que cubre la cabeza con un capacete abierto y protege cara y cuello con un gorjal.

En conclusión en esta pintura podemos apreciar, salvo las licencias indicadas, como vestían aquellos caballeros de la mitad del XV y también podemos percatarnos de lo tempranamente que se fueron imponiendo las nuevas corrientes en la Península Ibérica.

Así que ya sabéis, cuando veáis un retablo gótico miradlo con atención, siempre os sorprenderá.

 

 

 

 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Partes de la armadura del siglo XV


Las partes de la armadura.

A propósito de un San Jorge del Museo Diocesano de Cuenca.
 
 

Quiero aprovechar esta escultura de San Jorge con el dragón, del Museo Diocesano de Cuenca, de la segunda mitad del siglo XV para señalar en ella algunas partes de la armadura.

Durante la segunda mitad del siglo XV se impusieron dos tipologías algo diferenciadas de armaduras:

-      La armadura gótica alemana y

-      La armadura milanesa, o italiana.

Aunque no vamos a comentar ahora las diferencias entre cada una de ellas, sí que hay que tener en cuenta que por sus relaciones artísticas, culturales y comerciales, la Península Ibérica estuvo, sobre todo, bajo el área de influencia italiana.

Tendremos ocasión de ver, también en sucesivas entradas, como los talleres de armeros se adaptaban a las preferencias o modas de las diferentes regiones, por lo que las armaduras peninsulares tendrán ciertas características especiales u originales según épocas y zonas.
 
 
                                  

 La armadura peninsular de influencia italiana  de la segunda mitad del siglo XV consta de una coraza para proteger el tórax, dicha coraza está formada a su vez por el “peto” que protege la zona anterior del pecho y el “espaldar” que se encarga de proteger la espalda del caballero.

En la parte superior derecha del peto se situaba el ristre, una pieza metálica que sobresalía para servir de apoyo a las cada vez más pesadas lanzas.

Para sujetar el ristre solía haber tres o cuatro “muelas” o resaltes de metal que sobresalían del peto, con un agujero central, por lo que mediante un pasador denominado “aguja” se podía colocar o retirar la pieza del ristre.
 
 

Como la zona baja del tórax podía ser una zona más vulnerable, ésta se reforzaba, en ocasiones, con una pieza anterior colocada desde la parte baja del peto y que subía hasta la parte media del tórax, llamado “sobrepeto o pancera”.

Normalmente la unión entre el peto y sobrepeto se podía hacer mediante una correa, lo cual además permitía regular la colocación del sobrepeto según la altura del sujeto, pero posteriormente se fue imponiendo el uso de un remache en la parte superior del sobrepeto, mientras que en otras ocasiones aparecen tan firmemente unidos que parecen casi soldadas.

En el espaldar también podía llevar una protección complementaria similar en su parte baja, denominado “sobreespaldar”, igualmente ajustada mediante una correa o remache.
 

 
Para favorecer los movimientos de flexo-extensión del sujeto la coraza no solía cubrir todo el tronco, por este motivo se complementaba con el “faldaje”, formado por anchas launas de metal unidas entre sí que se unían al peto formando la “sobrebarriga”, y que protegían como su nombre indica la zona baja del abdomen, a la vez que su disposición aumentaba la movilidad del caballero en esta zona.

Estas launas se continuaba en la zona del espaldar formando el “guardarrén”, cuyo nombre indica su uso: protección de la zona renal o vacíos.

Las escarcelas, pendientes de la sobrebarriga, mediante correajes protegían el nacimiento de los muslos, y en muchas ocasiones también podía haber escarcelas laterales o incluso posteriores. El tamaño y disposición de las mismas podía ser variable.
 
El barbote o gorjal era una pieza que protegía el cuello y parte de la cara del hombre de armas, y que se sujetaba por unas correas que pasaban por detrás del cuello.  
 
 

 
 
La cara externa de codales y rodilleras estaba protegida por una prolongación metálica denominada "navaja"; mientras que los guanteletes de esta escultura siguen también la moda italiana.
 
Finalmente comentar que la armadura representada en esta escultura podría fecharse a partir de  la segunda mitad del siglo XV, y con más probabilidad en el último tercio del siglo XV.

En sucesivas entradas se irán comentando más detalles de las partes de las armaduras y su uso, así como de su terminología.

Espero que os haya resultado interesante.

 
Fuentes:

DE LEGUINA, Enrique, Glosario de voces de armería, Madrid, 1912

CONDE VIUDO DE VALENCIA DE DON JUAN, Catálogo Histórico-descriptivo de la Ral Armería de Madrid, Madrid, 1898.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Beatriz Galindo “La Latina” y Francisco Ramírez de Madrid, en el “Museo de San Isidro. Los orígenes de Madrid”.




Doña Beatriz Galindo y D. Francisco Ramírez de Madrid.

Arte plateresco en el centro de Madrid.

Parte III
 
 
 
Madrid es agradable de pasear en Otoño, perderse por plazas y rincones poco transitados y descubrir sitios nuevos.

Con apenas ninguna referencia previa de a dónde iba me encaminé hace dos semanas al Museo de San Isidro, sabiendo que allí se encontraban los sepulcros “gemelos” de Doña Beatriz y Don Francisco.
 
 
 

A cambio obtuve la satisfacción de conocer uno de los rincones más pintorescos de Madrid, que aún no conocía, y otras sorpresas…

Éste Museo de San Isidro y de los orígenes de Madrid está situado en la Plaza de San Andrés, junto a la famosa Capilla de San Isidro, y ocupa una casa palaciega del siglo XVI.
 

Dentro nos aguarda un interesantísimo espacio en el que recorrer a través de restos, objetos, paneles y maquetas, momentos de la prehistoria y la historia de Madrid.

Se trata de un pequeño Museo altamente recomendable que no creo que defraude al visitante.

En cualquier caso, estaba impaciente por ver los cenotafios de Doña Beatriz y Don Francisco, y he de decir que no me defraudaron.
 

Ocupan una sala alargada de la planta baja, y tanto su ubicación como la iluminación me parecieron perfectas.

Lo primero que me llamó la atención fue el colorido del alabastro, diferente al de los monumentos gemelos del convento del “Goloso”, y también me llamó poderosamente la atención la mayor calidad técnica en la realización de las esculturas yacentes respecto a sus homónimas del otro convento.

El colorido de la piedra, más luminoso, y el acabado de las tallas, así como el de los cenotafios, te dan rápidamente la impresión de estar ante una obra de arte singular.  

Estos bellos sepulcros estaban situados inicialmente en la Iglesia del Hospital de la Concepción , conocido como Hospital de La Latina. La iglesia del Hospital era también la del contiguo convento de la Concepción Francisca.
 

Su fecha de realización no la conocemos, pero basándonos en la fecha que aparece en el cenotafio del convento de la Concepción Jerónima (El Goloso, Madrid) 1531, y el tratarse de dos obras “gemelas” nos hace pensar que se realizaran los dos a la vez.
Parece ser que la realización de estos monumentos fue encargada al cantero/tallador Hernán Pérez Alviz, que evidentemente contaría con un grupo de colaboradores para realizar un encargo tan importante.
Puede que no mediara mucho tiempo entre la realización de ambos, o que se realizaran  incluso en paralelo por el artista y sus ayudantes.
 
 
La calidad técnica y artística de los dos cenotafios es similar lo cual apreciamos en la bella decoración plateresca de ambos.
Por otro lado, las esculturas yacentes muestran indicios de  diferente autoría.
Todo parece indicar que se quiso dar más protagonismo a este conjunto escultórico del Hospital de la Latina, ya fuese por su emplazamiento en un lugar público, o por ser la fundación conjunta de los dos esposos.
Pero también es verdad que al conjunto del Convento de la Concepción Jerónima se le dotó de un mayor simbolismo personal con la incorporación en un medallón de la imagen de Doña Beatriz, y la fecha de su realización.
 
EL CABALLERO
Don Francisco Ramírez de Madrid  falleció en el año 1501 en una acción durante la revuelta mudéjar en Sierra Bermeja.
Aunque la escultura nos muestra a un caballero vestido a la moda de la época en que se realizó esta talla, supuestamente en el 1531.
 
 
Aparece Don Francisco recostado sobre tres cojines, con un libro entre las manos, viste armadura completa con peto y sobrepeto, grandes escarcelas, protecciones también para brazos y piernas así como escarpes de punta redondeada.
LLeva media capa abrochada sobre el pecho, un bonete pequeño en la cabeza, y no porta espada.
 
 
 
 
A sus pies encontramos un casco esculpido inspirado en los cascos decorativos de tipo grecorromano que durante el Renacimiento pusieron de moda algunos talleres de armeros, como los Negroli.
 
 
 
El tipo de armadura con la que visten a Don Francisco hacia el 1530, indica ya el final de una época y anuncia el comienzo de otra.
 
LA DAMA
Doña Beatriz Galindo, "La Latina", una mujer adelantada a su tiempo, instructora en latín de la Reina Isabel, y preceptora de sus hijos.
 
 
 

 Reposa en una delicada escultura ataviada con hábito religioso, mientras apoya sus pies en una cartela en la que se hace referencia a su esposo.
 
 
 
Termina aquí esta trilogía dedicada a Doña Beatriz Galindo, "La Latina" y Don Francisco Ramírez de Madrid "el Artillero", dos interesantes personajes del siglo XV-XVI.