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sábado, 9 de noviembre de 2013

Las esculturas de Don Francisco Ramírez "el artillero" y Doña Beatriz Galindo "La Latina"


Don Francisco Ramírez de Madrid , “el artillero”

Y

Doña Beatriz Galindo, “La Latina”

Parte II

 

Convento de la Concepción Jerónima

 (El Goloso, Madrid)
 
 
 
 
 
  

Hace casi tres años hice mi primer “reportaje histórico” y fueron éstos los primeros personajes que fotografié.

Este convento situado a las afueras de Madrid, en una desviación de la carretera de Colmenar Viejo, permanece cerrado al público pero me habían informado que era posible visitar la Iglesia antes de la celebración de la misa del Domingo. Así que me presenté, me dieron permiso para tomar fotografías y puedo asegurar que ni un reportero del National Geographic se hubiera sentido más satisfecho que yo cuando me fui.
 
 

Éstos son los monumentos funerarios que estaban en el primitivo convento de la Concepción Jerónima en Madrid, y que han acompañado a esta congregación en las diversas casas que han tenido, hasta su definitiva ubicación actual.  

Lo primero que  llama la atención es la situación de los dos cenotafios, seguido uno al otro.
 

Están realizados en un tipo de  mármol o alabastro algo grisáceo, decorado con motivos platerescos, y la fecha en uno de los medallones nos da la fecha de esta obra, 1531.
 
 
 
 

Doña Beatriz Galindo aparece ataviada con un hábito religioso y las manos juntas en actitud de oración.
 
 

Lo más reseñable de este monumento es sin duda el medallón en el que aparece esculpida la cara de una dama que podemos intuir que sea la propia Beatriz de Bobadilla.
 

Por otra parte Don Francisco Ramírez de Madrid es representado vistiendo su armadura, sosteniendo un libro entre sus manos en actitud de lectura y recogimiento.

La armadura que viste no parece estar cincelada al detalle, da la impresión de tratarse de un ejemplo bastante genérico del tipo de protecciones corporales que se usaban al principio del siglo XVI, que seguían aún mucho la influencia de los últimos decenios del siglo anterior.

El caballero lleva coraza formada por peto y sobrepeto que parecen casi soldados el uno al otro, presenta asimismo las características launas de la sobrebarriga, y pendientes de ellas dos grandes escarcelas.
 

La cota de malla protege el cuello, mientras que el faldellín que lleva es de escamas.
Lleva un manto con broche sobre los hombros, y no parece llevar hombreras.
La talla de los brazos y codales se ha simplificado, y se aprecian mejor los quijotes de las piernas, las rodilleras con sus navajas así como las grebas.
Los escarpines para los pies han perdido ya su forma puntiaguda tan característica del siglo XV y aparecen ya redondeados.
Cubre su cabeza con un discreto bonete, y a sus pies aparece un casco historiado típico de las modas del renacimiento.
La espada pende sobre el costado izquierdo, se trata de un ejemplo poco significativo, con un pequeño pomo y arriaz recto.
 

Las esculturas están bien realizadas, pero no disponen del realismo que estamos acostumbrados a ver en otras obras de este tipo, de manera que cuando ves este conjunto es más de admirar la delicada talla de los cenotafios que la de las figuras representadas.
No obstante, es emocionante verlos allí presentes aún en el Convento que Doña Beatriz fundó, hace ya más de quinientos años.
 
 


 

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